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Jueves, 28 de abril de 2005
LAS RELACIONES DE ARGENTINA CON EL VATICANO
ESTAN EN UNA ETAPA REALMENTE COMPLEJA
Néstor Kirchner saludó ayer a Benedicto XVI con un fuerte apretón de manos, pero lo civilizado y cordial no despeja cómo serán efectivamente las relaciones entre la Argentina y el Vaticano y, por extensión, con la Iglesia local.
ISIDORO GILBERT
El caso del obispo Antonio Basseoto, que para el Presidente, "es un tema terminado", no estuvo ayer de cuerpo presente, pero sí flotando en el ambiente.
Basseoto fue el obispo que "condenó" con una metáfora bíblica a que el ministro de Salud, Ginés González García fuera arrojando al mar por su postura sobre el aborto y medidas de prevención sexual y esa admonición en el recuerdo argentino sonaron a rememoración de los vuelos de la muerte de los tiempos del terror. Kirchner de hecho lo relevó. La interpretación oficial de esa medida no es la misma de la diplomacia vaticana y de la jerarquía eclesial.
El tratado vigente dice que el titular es designado por el Papa con acuerdo del Poder Ejecutivo. Como el texto no contempla otra hipótesis que la designación, la Iglesia interpreta que una vez puesto en funciones el Obispo castrense goza de inamovilidad, salvo que el mismo Vaticano disponga otra cosa.
La tesis oficial es que el Gobierno que otorga el acuerdo también puede quitarlo. Distinta sería la situación si se arrogara la potestad de designar al sucesor.
Bastaría con que Benedicto XVI designe a un nuevo Obispo castrense, para que el episodio concluya. De lo contrario, el gobierno nacional podría denunciar el tratado de 1957 y eliminar el Obispado castrense, donde aún predican algunos de los capellanes que justificaron la guerra sucia.
Según "Clarín" "el Gobierno mantiene la decisión de conservar la capellanía castrense, para cuyo cargo existe una terna de postulantes pero no un criterio único en el poder. Aunque la bendición final deberá ser impartida desde Roma, el ministro de Defensa, José Pampuro, se inclinaría por la continuidad del vicario interino, Pedro Candia. La Cancillería está persuadida de que aquélla no es la mejor propuesta para darle salida al conflicto".
Es que Candia fue un oficial carapintada, es decir golpista, en los '80, que dejó el uniforme militar por el sacerdotal, previo paso por el seminario.
Digamos que todo este incidente se apague, aunque no en lo inmediato, seguirían allí a mano otras diferencias con Roma respecto a la mujer, por caso, y con la Iglesia.
"Clarín" con la pluma de Eduardo Van der Kooy recomienda mejorar el diálogo con los obispos locales, en primer lugar, con el cardenal Jorge Bergollo, su voz más autorizada sobre todo cuando se sabe que tuvo apoyos en Roma para haber llegado a ser el nuevo Sumo Pontífice.
"Es cierto que el arzobispo tiene recelos con el estilo presidencial, pero posee a la vez afinidades que, a lo mejor, Kirchner desconoce. Jamás simpatizó con Baseotto, disiente con los obispos que intoxican de política sus dichos (Héctor Aguer, arzobispo de La Plata) y rechaza a los mediadores de la Iglesia (el menemista Esteban Caselli) que establecen puentes interesados entre el Vaticano y el poder político".
La mirada sobre Bergoglio del prestigioso periodista Horacio Verbitsky es otra. En su libro "El Silencio" ofrece pruebas de posturas del cardenal en favor de la dictadura incluso incidiendo para que no se le dieran pasaportes a dos jesuitas, de la misma orden de Bergoglio. En un reportaje ayer en la revista Radar, Verbitsky sostiene que si Bergoglio hubiera sido el nuevo Papa "tal vez hubiera puesto todo el peso del Vaticano en la reivindicación de la dictadura...tal vez hubiera sido el surgimiento de un poder paralelo que hubiera creado una crisis política (pero) no tengo temor que la Iglesia le de a los militares un espacio de aglutinación".
Dos miradas sobre Bergoglio que están, dicen, también dentro del gobierno.
¿Cómo viene la mano?. Por lo pronto la ratificación que Benedicto XVI hizo del secretario de Estado, Angelo Sodano y la del ministro del Interior, el argentino Leonardo Sandri, cayeron mal. A ellos se atribuye la relación especial con el Vaticano durante la década del 90, cuyo labrador fue el ex embajador Caselli.
Sodano no ahorró gestiones por la liberación de Augusto Pinochet (fue Nuncio en Santiago durante la dictadura) cuando Baltasar Garzón, ordenó la detención del general en Londres.
Dice Página 12 que "la familia de Sandri aún vive en Lomas de Zamora, y en la casa de una de sus hermanas estuvo escondido el banquero Francisco Trusso mientras la justicia lo buscaba por la estafa a los ahorristas del Banco Crédito Provincial de La Plata". Muy fuerte.
Kirchner había calculado que la sucesión papal podía abrir una época distinta que le facilitara la recomposición del vínculo político con el Vaticano. Esa fue la razón poderosa, antes que los dictados del protocolo, que lo indujo a ausentarse de las fastuosas exequias de Juan Pablo II. Pero aquel cálculo, por lo visto, le salió mal.
Antes de volar a Roma, Kirchner supo que iba a ser conducido hasta su asiento en la basílica de San Pedro por Caselli, que es Gentilhombre del Vaticano, lo que obligó al canciller a solicitar que no ofendiera de ese modo a un mandatario que viajó en gesto de buena voluntad, a pesar de la tensa relación con Italia y sus agresivos bonistas que rechazaron el canje del default.
Un dato: fue Caselli quien acomodó en las exequias de Juan Pablo a Carlos Menem y Eduardo Duhalde, de cuyos gobiernos fue funcionario.
Para marcar la diferencia con ambos personajes, Kirchner invitó a acompañarlo a la entronización de Benedicto XVI a Raúl Alfonsín, el presidente que en 1983 denunció ante la justicia a Videla, Massera & Cía.
A raíz de esa denuncia, la Cámara Federal de la Capital juzgó y condenó a los ex Comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas: se cumplieron hace escasos días 20 años de la primera audiencia pública en ese juicio y se está cerca de que la Suprema Corte de Justicia entierre la impunidad.
¿Tienen o no que ver estos hechos con el debate?. Veremos
Por: Carlos Cáceres Durán | NOTICIAS DE AMERICA LATINA | Comentarios (0) | Referencias (0)