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Viernes, 29 de abril de 2005

LOS POBRES DE URUGUAY: UNA PARTE DE LA PESADA HERENCIA DE MISERIA QUE DEJARON LOS BLANCOCOLORADOS

PREOCUPANTES REVELACIONES DE LA
ENCUESTA CONTINUA DE HOGARES


Uno de cada tres uruguayos y uno de cada dos niños entre 6 y 12 años son pobres

El 31,5 % de los uruguayos son pobres, de acuerdo a los datos surgidos de la última Encuesta Continua de Hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), aunque se establece a la luz de estos índices que el proceso de empobrecimiento que se detectó en los cinco años pasados se ha frenado.


En este promedio indicador de pobreza, el estudio revela otros datos preocupantes. Un 54 % de los niños menores de 6 años en nuestro país son pobres. Por su parte, en la franja etaria comprendida entre los 6 y 12 años, un 52 % está en el nivel de pobreza. El 43 % de los adolescentes entre 13 y 17 años, el 27 % de los adultos y el 10% de las personas de la tercera edad forman también parte de ese 31% general estadístico.

Otro dato relevante resultante de este censo, indica que a pesar de que ha bajado la tasa de desempleo y aumentó la del empleo en 2004, el salario real ha descendido por lo que este hecho se traduce entonces en un aumento en la brecha de pobreza.

De las 108.200 personas indigentes del año 2004, se estima en 44.600 los adultos (entre 39.100 y 50.100) y en 63.600 los menores de 18 años (entre 55.400 y 71.800). En términos absolutos, la cantidad de personas indigentes en localidades de 5.000 personas o más se encuentra entre 95.100 y 121.300 personas. Estas cifras corresponderían a un número de hogares entre 16.400 y 20.900.

Por otra parte, la cantidad de personas pobres (incluidas las indigentes) se encuentra entre 831.700 y 908.300. Estos números corresponderían a una cantidad de hogares entre 184.800 y 201.800.

En general, durante 2004 se ha frenado el crecimiento de la pobreza observado en años anteriores, aunque la incidencia de la pobreza extrema se ha incrementado ligeramente.

No obstante, la incidencia de la pobreza de las personas creció puntualmente en el año 2004 alcanzando, en promedio, el 31,2% frente al 30,9% registrado en 2003.

Los indicadores descriptivos de los hogares vuelven a mostrar las características propias de tamaño y composición de los estratos más pobres de la población, señalando una ligera mejora en las condiciones socioeconómicas promedio.

Línea de indigencia o de pobreza extrema
Según el valor de la canasta básica de alimentos, entre diciembre de 2003 y diciembre de 2004, el rubro Alimentos y Bebidas aumentó un 8%. El valor de la CBA per cápita pasó de $ 1.032,73 (12/2003) a $ 1.113,89 (12/2004) en Montevideo y de $ 784,62 a $ 846,29 respectivamente en el resto del país (localidades de 5.000 habitantes o más). El valor de la CBA en dólares norteamericanos aumentó un 19%.

Incidencia de la pobreza extrema
Durante 2004, la incidencia de la indigencia en los hogares urbanos alcanzó a 2%, con ligeras diferencias por área (2,4% Montevideo, 1,8% en el resto del país). Esta proporción afecta a un 4% de los habitantes de las áreas urbanas.

Estimaciones de Pobreza
La incidencia de la pobreza extrema en 2004 ha crecido más del doble respecto de 2000. Este efecto se ha observado en el total del país urbano y también en cada área (más del triple en Montevideo).

Los hogares indigentes se caracterizan por estar compuestos por muchas personas, gran parte de éstas menores y pocas perceptoras de ingresos. Mientras un hogar promedio está compuesto por tres personas, de las cuales una es un niño o adolescente, los hogares indigentes están compuestos por más de cinco personas, de las cuales tres son menores de 18 años y probablemente también menores de 14.

Es importante señalar que se observa un incremento en el tamaño de los hogares indigentes y en la proporción relativa entre sus componentes respecto al año anterior, revirtiendo la tendencia descendente experimentada en los últimos años.

No hay diferencia entre el número de perceptores por hogar del promedio de hogares con el de los indigentes. Sin embargo, los perceptores de los hogares indigentes deben sostener más personas que el promedio de los hogares.

Son más los hogares indigentes con jefatura de una mujer.

Por otra parte, el porcentaje de personas en hogares indigentes presenta diferencias insignificantes entre los hogares con jefe hombre o con jefe mujer, porque el promedio de personas por hogar en los hogares indigentes de ambas categorías es prácticamente igual.

Hogares unipersonales la excepción
Es prácticamente inexistente el hogar unipersonal entre los indigentes. Casi el 90% de estos hogares se agrupa entre los hogares nucleares (pareja con o sin hijos) y los extendidos compuestos (pareja con o sin hijos y otros ­parientes o no­ formando parte del hogar).

Sin embargo, mientras esta proporción es principalmente debida al mayor volumen de los hogares con jefe de hogar hombre (75% de los hogares indigentes en la muestra), cuando el jefe es mujer los hogares se agrupan entre los monoparentales y los extendidos/compuestos en mucha mayor proporción de los observados con jefe hombre.

En general, la proporción de hogares nucleares y de hogares extendidos/compuestos entre los hogares indigentes es significativamente mayor que en el total de hogares.

Actividad y desempleo
Los hogares indigentes presentan mayores tasas de actividad, menores tasas de empleo y mucho mayores tasas de desempleo que el conjunto de todos los hogares.

Es importante señalar que casi todos los indicadores de actividad, empleo y desempleo, mejoraron respecto de los correspondientes de 2003, incluso entre los indigentes. Hay descenso de la tasa de actividad en este segmento de población, pero es relativamente pequeño y podría explicarse por el aumento en la proporción de inactivos en el hogar, especialmente los menores.

Debido a la escasa cantidad de casos en la muestra no se puede efectuar otro tipo de análisis más detallado o desagregado.

La brecha de la indigencia
La "brecha de indigencia" se ubica en un 22%. Esto es, el ingreso per cápita queda en un 22% por debajo del valor de la CBA.

En otras palabras, el ingreso per cápita de estos hogares está poco más de un quinto por debajo de lo necesario para obtener una alimentación adecuada. Este ingreso fue provisto por casi dos personas perceptoras de ingresos para un grupo humano promedio de seis, la mitad de los cuales eran menores de 14 años y el resto inactivos o bien desocupados.

El ingreso por perceptor de estos hogares aumentó ligeramente en términos reales respecto del de 2003 (un poco menos en Montevideo, un poco más en el resto del país urbano).

Considerando que, también en términos reales, la línea media de indigencia aumentó poco más de un 1% entre los mismos períodos, el efecto neto es de una pequeña ganancia de poder adquisitivo que se traduce en el suavizamiento de la incapacidad de estos hogares para alcanzar una alimentación adecuada.

Incidencia de la pobreza
El porcentaje de hogares pobres (incluidos los indigentes) se obtiene calculando la proporción de hogares de la encuesta cuyo ingreso corriente per cápita es insuficiente para cubrir las necesidades de alimentación y otros bienes y servicios de sus miembros, respecto del total de hogares entrevistados.

El carácter de pobre de un hogar se traslada a todos sus miembros, por lo tanto el porcentaje de personas pobres se obtiene calculando la proporción de personas que son miembros de los hogares pobres, respecto del total de personas entrevistadas por la ECH.

Durante 2004, la incidencia de la pobreza en los hogares urbanos alcanzó un 22%. En las dos regiones se han manifestado esos aumentos. Estas diferencias, sin embargo, no tienen importancia estadística debido al margen de error muestral. Esta proporción afecta a poco más de un 31% de los habitantes de las áreas urbanas. El aumento puntual en la incidencia de hogares pobres (una fracción de un punto de aumento en la proporción de personas que los componen) osciló a lo largo del año presentando variaciones en más o en menos entre trimestres consecutivos.

Desaceleración
Durante 2004 ha habido una fuerte desaceleración del incremento de la pobreza observado en años anteriores. Esto se manifiesta cuando se compara cada trimestre contra el mismo trimestre del año anterior y, aunque en promedio la proporción de personas pobres ha aumentado, se observa una disminución de un 6% entre el cuarto trimestre de 2004 y el correspondiente de 2003.

Los descensos observados en el primer y tercer trimestre, pueden ser debidos al aumento relativo del ingreso que se produce por la adición de los aguinaldos. (El período de referencia de los ingresos en la ECH es el mes anterior al de la encuesta, por lo tanto los aguinaldos percibidos en junio figuran en el tercer trimestre, mientras que los percibidos en diciembre no son registrados hasta enero del año siguiente).

Mientras un hogar promedio está constituido por tres personas de las cuales uno es menor de 18 años (y quizás también menor de 14), un hogar pobre está formado por unas 5 personas de las cuales más de 2 son menores de 18 años. La evolución del tamaño y composición de los hogares ha sido al descenso en los promedios del total de personas y de los dos grupos de edades. En 2004 las cifras permanecieron iguales a las correspondientes de 2003.

No hay diferencia en el número de perceptores de ingresos, pero los de los hogares pobres deben sostener a más personas.

Hogares nucleares y extendidos
Con respecto a la incidencia de la pobreza según sexo del jefe del hogar, la proporción de hogares pobres con jefe hombre casi no se diferencia con la de los que tienen jefe mujer.

En el conjunto de todos los hogares, la proporción de los que tienen jefe hombre es el doble que los que tienen jefe mujer, pero entre los hogares pobres, esa proporción se eleva al triple.

El mismo efecto observado entre los hogares indigentes en el tipo de hogar según jefe, se observa también entre los hogares pobres. El porcentaje de hogares unipersonales pobres es estimable pero muy bajo comparado con el del conjunto de hogares. Por cada hogar pobre con jefe mujer se hallan tres con jefe hombre.

En el conjunto de hogares hay proporcionalmente más hogares unipersonales que entre los pobres. Éstos últimos se agrupan entre los hogares nucleares y los extendidos o compuestos casi seguramente como estrategia de sobrevivencia.

Por otra parte, los hogares con jefe hombre muestran proporciones mucho mayores entre esos tipos de hogar que los que tienen jefe mujer. Éstas se encuentran al frente de hogares monoparentales o bien extendidos en mayores porcentajes relativos que los que tienen jefe hombre. Entre los hogares pobres con jefe mujer se repite las tendencias observadas entre los hogares indigentes.

Actividad y desempleo
Las menores tasas de empleo y las mucho mayores tasas de desocupación que se observan entre los hogares pobres comparados con el total de hogares explica no solamente las mayores tasas de actividad sino también la menor disponibilidad de recursos para sostener hogares más numerosos y con más inactivos (menores de 14 y pasivos), tanto en alimentación como en los otros rubros de gastos.

Los hogares pobres presentan mayores tasas de actividad que el promedio de los hogares, y están casi a la par con relación a la tasa de empleo, mostrando una notable mejora con respecto a los últimos dos años. Es también notable el descenso en la tasa de desocupación, aunque todavía resulte entre ocho y diez puntos mayor a la tasa global.

Ingresos per cápita y por perceptor de los hogares pobres
La brecha de pobreza es del orden de 34%. Esto es, el ingreso de los hogares pobres es alrededor de un tercio menor de lo necesario para que el hogar cubra todas sus necesidades sin experimentar privaciones.

La brecha de pobreza es mayor en Montevideo que en el resto urbano del país aún cuando los ingresos per cápita y por perceptor sean respectivamente mayores, pero en las dos regiones el ingreso real de los hogares y de los perceptores baja, aunque la tasa de pérdida se haya ido frenando.

El ingreso medio per cápita cubre holgadamente las necesidades de alimentación, pero el remanente no es suficiente para distribuir entre los rubros no alimentarios sin privarse de alguno de éstos.

El ingreso fue aportado por la misma cantidad de perceptores que el promedio de los hogares, pero éstos deben sostener mayor cantidad de personas.

Como referencia, en 2004 los promedios de ingresos del hogar y de los perceptores de todos los hogares del país son el doble del de los hogares pobres, mientras que el promedio del ingreso per cápita casi cuadruplica al de los hogares pobres.

Los ingresos personales de los perceptores ilustran la dificultad de cobertura de los gastos mínimos por parte de los hogares pobres.

Se destaca la situación combinada de los indicadores mostrados en esta sección y la anterior: la tasa de empleo ha aumentado y la de desempleo ha bajado, pero se ha producido un descenso en el ingreso real que se traduce en un incremento de la brecha de pobreza. Esto puede estar indicando que hay mayor oportunidad de empleo pero acompañado con el deterioro en la remuneración del trabajo en el sector de los hogares pobres.

La pobreza afecta proporcionalmente a más niños que adultos. Este efecto se agudiza cuanto menor es el grupo de edades considerado. La explicación radica en la particular composición de los hogares pobres con su menor proporción de adultos, generalmente menos de la mitad del tamaño del hogar.


Por: Carlos Cáceres Durán | NOTICIAS DE URUGUAY | Comentarios (0) | Referencias (0)

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