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Sábado, 14 de enero de 2006

A LA COLUMNA DE CARLOS CACERES DURAN DE 14 DE ENERO DE 2006

TRANSITANDO DE MENOR A MAYOR

Hace algún tiempo el hijo de un amigo me preguntaba cuando una persona podía considerarse mayor y mi respuesta fue que lo de mayor es algo muy relativo.
Mayor que quien ? o mayor de que ? Todo el tiempo estamos llegando a escalas en el camino de la vida, que van marcando tramos y dejando instalados mojones, que determinan el quilometraje recorrido hasta ese momento.-

En todo momento somos menores que algo. Somos menores que el Aconcagua.
Cuando lo miras a la distancia en la cordillera, lográs tenerlo muy claro y sin embargo muchos escaladores han logrado llegar a su cima.-
Somos menores que un elefante y sin embargo muchos han domesticado a esto animales.
Somos menores en la cantidad de conocimientos que tenemos, en relación a otra persona que ha estudiado lo mismo que nosotros.-
Esto significa que seamos de inferior calidad ? Por cierto que no, simplemente significa que en esa etapa en la que nos encontramos estamos transitando de menor a mayor y si tenemos la capacidad suficiente, recorreremos esos "quilómetros" de la vida hasta ser mayor en una siguiente etapa
Si miramos los hechos de nuestra vida, de la vida de nuestros familiares y amigos, veremos que el patrón se repite. Unos logran pasar de menor a mayor y otros no, pero cuando tenemos la chance de hacerlo, todos podemos pasar de una etapa a la otra.-

El quilómetro cero es evidentemente cuando nacemos, los primeros tramos.
Esos, los de nuestra primera infancia nos quedan generalmente en la nebulosa y algún trozo de recuerdos se hace presente en nuestra mente. De repente aquella escuela en el Prado, con salones que daban al fondo y el alambrado de un vecino. Varios árboles de flores multicolores y los bichos peludos que había que tener cuidado no cayeran sobre uno, so pena de severas ronchas o el canto de los pájaros que tenían por allí un rincón tranquilo.-

De repente el recuerdo es la casa de mi tío Modesto, en Caiguá y Suárez y los canarios de diversos colores que a mi tía le encantaban. O mi prima Marta, lamentablemente muerta muy joven, por algo tan aparentemente tan tonto como un abrupto descenso en el potasio de su organismo. O la casa de mis tíos en en Guadalupe O la chacra de mis abuelos maternos o la casona de mis otros abuelos en Guadalupe ( o Canelones como le pusieron vaya uno a saber porqué, hace como 80 años ). O el tren de Piriápolis. O los paseos por el Prado y el guardia que si alguien se salía de sus carriles, tiraba un papel o se metía con las plantas, le recordaba con su silbato que eso no estaba permitido, en función de la armoniosa convivencia y el respeto por los bienes de la comunidad. En estos tiempos que corren ya no existen guardias y por supuesto que los bienes de la comunidad están cada vez más deteriorados, sin que a ninguna autoridad nacional o municipal, parezca importarle los recursos de todos nosotros desperdiciados absurdamente. Como tampoco parece importar mucho la suciedad o el descuido que se puede percibir en muchos rincones de la ciudad y los elementos del ornato público dañados o destruidos.-

Seguimos creciendo y llegamos a la etapa liceal y allí podemos recordar a muy buenos profesores: aquel profesor de historia José Carlos García Puyol, con sus interesantes anécdotas de viajes o de la Unión Postal. María Teresa D'Ursi de Piacenza con su capacidad para enseñar dibujo a un grupo de gurises, que no iban a ser por cierto pintores famosos. Héctor Álvarez un pintoresco profesor de geografía. Abel Theoduloz, un fantástico profesor de matemáticas. Amelia "Lelé" Quintero Díaz, una fantástica profesora de francés y que en la casa familiar de la avenida Garzón, donde su hermana Alba Quintero de Conrad reinaba sobre una gran familia, tenía una especie de museo familiar de los que se creaban cuando este país era rico y las familias patricias traían el equipamiento desde Europa, con grandes gobelinos, piezas de mármol, esculturas en madera, escudos, enormes sillas rematadas con cabezas de león, piezas de jade, porcelanas de Sèvres, cristal de Murano y mucho más.
Una sola palabra podía definir esa casona y su contenido: impresionante.-

Muchos otros nombres de docentes quedan en el recuerdo, como Ruth Vlah, María Martínez, Eudoro Melo, Saint Exupery ( un atildado donde los haya !), Cristech (con su carota colorada), Grouchy. Pero alguien destacaba por su bondad, capacidad para enseñar, buen humor y me refiero a Yolanda Massara de San Miguel, profesora de idioma español. Yolanda siempre se sonreía cuando, algo proféticamente, le insistía conque el idioma que hablamos no era español sino castellano, pues en España le decía, hay otros idiomas. Pocos años después de estas palabras, esto se haría realidad.-

Gracias a Yolanda pude conocer a su esposo Ismael, un gigantón de gran bigote canoso y voz grave y fuerte. Aún recuerdo con gran cariño y emoción aquellas jornadas de sábado en que iba por la casa de ellos en la calle India Muerta y café por medio nos quedábamos charlando con Ismael en la biblioteca durante horas, de literatura, filosofía, historia y dialogando sobre el ser humano. Era una biblioteca de las de antes. Eran tres paredes de 5 metros de alto llenas de libros y por lo tanto de conocimientos.

Para un dieciochoañero inquieto como lo era yo en ese momento, era esta biblioteca como un gran tesoro ! a los pocos años de edad había comenzado a leer los libros de la biblioteca de mi padre, que como no tenía una gran casa sino un apartamento, además de ocupar una pared con un mueble lleno de libros, tenía otros por todas partes, inclusive debajo de la cama y me madre le decía "si ponés más libros no se como voy a hacer para limpiar". A esa altura me los había leido y releído varias veces.-

En esos años de la juventud a la adolescencia, pasaron por mis manos escritores como E. Acevedo, Calderón, Gallegos, Carlos Fuentes, García Lorca, Góngora, Guillen, Guiraldes, Juan R. Jiménez, Lugones, Neruda, Unamuno, Valle Inclán, Maupassant, Daudet, Balzac, Aristóteles, Bradbury, Sartre, Solá, Marx, Ibsen, Quiroga, Glotz, Jardé, Chejov, Mauriac, West, Dostoievski, Dos Pasos, Anatol France, Gorki, H.M. Remarke, Moravia, Victor Hugo, Kafka, Ionesco, Poncela, Mann, Malraux, Poe, Ruesch, Djilas, Mika Waltari, Faulkner, Uris, Weber y otra varias decenas de escritores de todo el mundo.
En los años siguientes añadí algunos más como, por citar sólo dosentre otros, Toffler y Johnson o los 20 o 30 autores uruguayos, de todas las posiciones filosóficas o políticas, que en estos años han escrito libros sobre el Uruguay con una impresionante calidad y que seguramente Ismael hubiera disfrutado enormemente

Hablar con una persona de la capacidad mental y filosófica de Ismael San Miguel, era un verdadero placer. Escucharlo contar su anécdotas de facultad de arquitectura era algo colosal. Había primero rumbeado por allí, pero luego se encaró hacia la filosofía y al principio enloqueció a los profesores de esa facultad, dijera Ismael: "tratando de filosofar con los ladrillos" , hasta que se dio cuenta de que no era lo suyo y estudió un profesorado de filosofía. Su capacidad humana para analizar conceptos, su ductilidad para comprender a los alumnos y su intención de trascender más allá del hecho de dar una clase, eran algo que creo está carente en los tiempos actuales.

El me decía, que el profesor debía pensar en como ayudar al alumno a encontrar su camino y que la calificación y los exámenes eran tan solo una faceta de este tema y que en muchas ocasiones el alumno sufría el subjetivismo y hasta el mal estado hepático de un docente y que ello no era admisible.-
Creía que había que bucear en el interior de las personas, en este caso sus alumnos, buscando las interrogantes y las respuestas. Que lo exterior o lo aparente podían perfectamente facetas engañosas de las personas y que su obligación era no sólo enseñar, sino enseñar a aprender y a vivir.-
Las anécdotas sobre Ismael podrían llenar un libro ! los que fueron alumnos suyos en la década de los sesenta siempre tenían alguna para contar.-
Ismael era un docente, según lo que cuentan quienes fueron sus alumnos en el IAVA,
que puede perfectamente ser incorporado a la galería de los inolvidables.

Lamentablemente, a los pocos años de esto que cuento, falleció víctima de una enfermedad que pudo ganarle a ese espíritu indomable y rebelde, sin que pudiera ver la luz un libro que estaba preparando.-
El mundo perdió a un ser con una capacidad y una libertad de pensamiento magnífica y yo perdí a mi personaje inolvidable.-

Más o menos todo esto fue lo que le contesté al hijo de mi amigo, en respuesta a su interrogante sobre el ser mayor. Es decir que cuando tus galerías de la vida se vayan llenando con imágenes, sonidos y recuerdos, inolvidables y de los otros, entonces podrás decir que eres mayor en relación a una etapa de tu vida.-

Pero nunca se es lo suficientemente mayor mientras se está vivo. Quien llegue a creer que ya no podrá recorrer otro tramo del camino como menor, buscando ser mayor que la siguiente etapa, será un muerto vivo. En cambio quien recorra el camino de la vida intentando superar las diferentes etapas, transitando a la siguiente y buscado superarla, será alguien que tomará de los hechos y las circunstancias todo lo que le sea posible, aplicando el sabio criterio de que siempre tenemos algo para aprender y que si miramos la globalidad del conocimiento actual, lo que sabemos es apenas una minúscula parte del total.-

Tratemos firmemente de hacer todo lo posible para que, cuando nos marchemos de este mundo, no debamos dedicar nuestros últimos pensamientos a decir: "Que lástima que no aprendí todo lo que podía"

Hasta la próxima semana.-


Por: Carlos Cáceres Durán | LOS ARTICULOS DE CARLOS CACERES DURAN | Comentarios (0) | Referencias (0)

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