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Sábado, 18 de marzo de 2006
RECORDANDO A UN GRAN TIPO: WALTER HUGO ESPIGA GABITO.-
Esta semana haré un alto en mis análisis de la política, la economía, el mundo o la gente, para compartir con los lectores algo personal, como lo es recordar a un gran tipo, que hace un mes, el 17 de febrero pasado, resolvió que ya estaba bien de patear chapitas por las veredas y se marchó al Cosmo a patear estrellas.-
En alguna ocasión amigos me han planteado porqué recordar a quienes se fueron y yo les he contestado: Que suerte tener alguien a quien recordar ! que pobres aquellos que nunca tendrán una frase de recuerdo para alguien cercano, para alguien cuya pérdida sintieron como un ladrillo que se caía de la pared de sus vidas.-
Recordar a alguien, en especial si ese alguien es un ser humano, significa que en algún momento se intercambiaron líneas de contacto, que se creo un reservorio de temas comunes, que ese alguien conoció a otros seres humanos que tenían puntos de contacto con nosotros, que nosotros interactuamos de una u otra manera con el recordado.-
Son líneas astrales, son líneas mentales y psicofísicas que se cruzan en la inmensidad de eso que llamamos universo y que no terminamos de tener claro en que realmente consiste y en donde realmente termina, si es que termina en algún lado.-
Ese alguien en este caso, se llamaba Walter Hugo Espiga Gabito, le decían Wimpi, fue Director Nacional de Turismo en la década de los sesenta, pienso a la distancia que con un ministro de Transporte, Comunicaciones y Turismo, tal el nombre en ese entonces de la cartera, hincha de Rampla Juniors, como lo era Justino Carrere Sapriza.-
Se dedicó también a la radiodifusión en el departamento de Canelones y presidió Cori( Cooperativa de Radioemisoras del Interior).-
Luchó mucho en la Unión Internacional de Organismos Oficiales de Turismo, para que se creara lo que luego fue la Organización Mundial de Turismo.-
También desde organizaciones de ayuda a la Comunidad, trató de apoyar a los más necesitados y carentes.-
Cuando yo era un niño ellos vivían muy cerca de la casa de mis abuelos y tíos abuelos en Canelones y siempre se hablaba de la familia Espiga como de "los parientes de la vereda de enfrente". Eran otros tiempos, en que en los desfiles del carnaval se veían volar las serpentinas y no las botellas o la droga como en la actualidad. Tiempos de carros alegóricos como el famoso del Chaná.-
Yo mantenía un contacto bastante asiduo con sus hermanas, que eran en cierta manera como unas tías políticas, Bimba y Pilar y me parece al cerrar los ojos recordarlas.-
Mi padre que falleció hace 12 años era quien mantenía el contacto con Walter y al fallecer, ese contacto quedó interrumpido.-
Pero resulta que el año pasado allá por el mes de octubre, un día al volver a casa me encuentro un llamado en el contestador, era Walter pidiéndome que le foneara.-
Al otro día lo llamé y me comento que uno de sus hijos, Duncan, le había hecho llegar una información que había visto en internet ( en la página que figura en el encabezado ) sobre la familia Cáceres y el árbol genealógico que se remonta en Uruguay a 1733 y que por eso me había telefoneado.
Me dijo: "Hace muchos años que no nos vemos, pero me acuerdo cuando iba a visitar a Nené ( ese era el nombre familiar de mi padre ) a Conaprole".
"Realmente lo lamenté cuando me enteré que se había muerto"
En ese momento le comenté a Walter, algo que me había sucedido algún año atrás con una persona amiga. Resulta que una gran amiga de la adolescencia Silvia Liset Corbo García, un buen día se había marchado del país y nunca más volví a tener contacto con ella. Nunca la olvidé, hay amigos que aunque no estén siempre nos acompañan y 30 años después, me la encontré en internet, pues tenía una página web de información a uruguayos que viven en el exterior.-
Nos contamos una gran cantidad de cosas vía e-mail tratando de rellenar los huecos dejados por los años. Cuando ella retornó al país con su esposo e hijo dijimos de encontrarnos. Como en ese momento los dos estábamos muy ocupados con nuestras respectivas actividades, quedamos en vernos 3 meses después.
A los dos meses Silvia que ya estaba enferma, murió y ese abrazo postergado por 30 años, nunca pudo ser, quedó para otra vida, si es que existe.-
Entonces le dije a Walter: "Vos sabés que este suceso me ha llevado, a no dejar para más adelante los encuentros con personas cercanas, familiares o amigos, porque uno no lee el futuro y no quiero que me vuelva a pasar lo mismo".-
Walter se rió y me dijo: " Y bueno, que te parece si venís el miércoles que viene por casa ?"
Allá arranqué ese día para lo de mi pariente que además vivía cerca, en Bulevar Artigas y la rambla.-
Era una tarde cálida y soleada de primavera. Pasamos 4 horas charlando y mirando fotos y aplacando la sed con algún vaso de pepsicola fría.-
Walter tenía una foto de mi tatarabuelo, que falleció en 1904, que sería aproximadamente de 1880 y una copa de él, que seguramente le había llegado por su madre María Carolina Rendo Cáceres, nieta de mi tatarabuelo Ovidio Cáceres.-
Walter me decía que esto que se comenta ahora, de como los uruguayos se encuentran en el exterior, no le resultaba extraño, que en una ocasión en la década de los 50, estaba caminando por Roma y de repente sintió una voz conocida que lo llamaba, eran mi tío abuelo Modesto y su esposa Luisa, que andaba también de paseo por Europa.-
"Fue como si estuviéramos en el barrio", decía Walter riéndose.-
Hablamos de parientes que no llegue a conocer, porque fallecieron incluso antes de que yo naciera. Hablamos de su actividad casi cuarenta años antes al frente del turismo uruguayo. De su lucha para que se creara una organización de turismo de alto nivel y de los conflictos por motivos geopolíticos entre los delegados de los países, en ese caso en particular entre los delegados de USA y Rusia, que impedían se concretara.-
Me habló del dolor por su esposa enferma, de sus hijos Duncan y Ana Carolina, de sus nietos y los ojos se le iluminaron en esos momentos, como el que siente que se va pero, sabe que dejó algo que lo sobrevivirá, algo que quiere mucho y en el cual se siente reflejado y realizado.-
Es que yo lo miraba y me daba la impresión de alguien que está en la tribuna mirando un partido en el que sabe que dejará de participar pronto, pero que mira todo tratando de llevarse en los ojos la mayor cantidad de imágenes y recuerdos, para cuando pase a la lejanía que ya presiente aproximarse.-
Lo llamé para las fiestas y luego en el mes de enero, cuando le dije: "Bueno Walter, en estos meses te llamo y voy por tu casa a charlar un rato" se rió y me dijo: "Me queda poco Carlos, va a ser difícil que nos volvamos a ver de este lado", yo le dije que no embromara que todavía iba a vivir bastante tiempo, pero evidentemente él tenía muy claro su estado de salud.-
Fue un choque cuando me enteré de que había fallecido, para mi era el último de los "veteranos" de la familia, alguien cuya ruta había vuelto a encontrar, alguien a quien preguntarle las cosas que no viví, que sucedieron hace muchas décadas cuando él ya andaba dándole al pie por el asfalto de Montevideo y yo aún tomaba la mamadera.-
Ya no voy a tener a alguien que me mire y me diga: "Pero che, me impresiono de verte, estás igualito a tu padre, me parece estarlo viendo a él"
Está claro que en definitiva todos nos vamos a morir, pero cuando lo que se va es nuestra historia, algo nuestro muere también, con esas palabras que nunca volveremos a escuchar, con esas historias que se marchan para siempre y que nunca llegaremos a saber que existieron. Con esos abrazos que nunca más se sentirán. Con ese afecto que nunca más se podrá dar ni recibir.-
Es algo que me sucede a menudo cuando quiero recordar alguna información, de esas que compartía con mi padre y me digo: "Que lástima que no esté para preguntarle, él sabría la respuesta"
Esto que cuento es una simple historia personal, pero cuantas veces se repetirán estas circunstancias en el mundo ? en cuantas ocasiones alguien dirá: "porque no le hablé cuando estaba vivo" o "porque no le di un abrazo antes que se muriera" o quizás "porqué no le pregunté cuando aun podía" o se lamenta diciendo "porque no le dije que la quería cuando todavía podía escucharme"
Tenemos la tendencia en este mundo que corre y corre sin parar, de dejar las actitudes de relacionamiento humano para mañana, de no detenernos a guardar una sonrisa o un gesto, como si fueran trastos que se pueden reubicar en cualquier momento y lamentablemente o por suerte, esto no es así, la vida tiene su plazo perentorio e ineludible y más vale que seamos nosotros los que tratemos de adelantarnos, porque la muerte nunca espera, ella pasa y lleva, sin pedir permiso ni mandar tarjeta de visita.-
Una frase muy sencilla, que Walter dejó en un documento post mortem a su familia, es lo que creo es lo que desearíamos sintieran aquellos a quienes queremos, cuando arrancan por la autopista de la Vía Láctea con destino al mundo de más allá: "Lo importante es que he disfrutado de muchos años de una vida en su mayor parte muy feliz y esa felicidad se las debo en especial a Uds. Así que muchas, muchas gracias por todo lo que me dieron".-
Gracias Walter, algún día, si es cierto lo que muchos dicen, nos volveremos a ver y quien te dice que no me comentes al reencontrarnos: "Carlitos, sabés que ? tengo los datos que te faltaban en el árbol genealógico"
Hasta la próxima semana
Por: Carlos Cáceres Durán | LOS ARTICULOS DE CARLOS CACERES DURAN | Comentarios (0) | Referencias (0)