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Sábado, 16 de septiembre de 2006

A LA COLUMNA DE CARLOS CACERES DURAN DE 16 DE SETIEMBRE DE 2006

ERA UNA SOLEADA MAÑANA DE SETIEMBRE

Era una mañana soleada en Montevideo, un martes como tantos otros de setiembre. Sentado en la oficina trabajando en la computadora, veía pasar el tráfico por la calle como todos los días a esa hora.
La radio prendida escuchando como de costumbre a Cotelo y en uno de los informativos, dijeron que al parecer una avioneta se había estrellado contra una de las torres gemelas de Nueva York, no parecía ser nada de mayor importancia, el Empire State había sufrido algunas décadas atrás algún choque semejante sin mayores consecuencias estructurales.-

Al rato las noticias que llegaban fueron más alarmantes y llamé a mi esposa que estaba en casa preparando la escritura de una compraventa que tenia al siguiente día y le pedí que se fijara en la televisión si estaban pasando imágenes sobre los acontecimientos que relataban en la radio.

Mi esposa me contaba después, que en principio no le prestó atención a lo que yo le decía ( que podía pasar de importancia a esa hora ? ), al rato se acordó y fue a prender la televisión.
Veinte minutos después de haberla llamado, sonó el teléfono en la oficina, era mi esposa: "No sabés lo que estoy viendo en la televisión !! es pavoroso" "Las torres se están cayendo, la gente se tira de las torres al vacío" "Nunca pensé que iba a ver algo como ésto"

Otros uruguayos estuvieron más cerca de los acontecimientos, algunos sacaron fotografías, otros corrieron y otros los vieron a la distancia en otros lugares de la ciudad, pero hubo uno que estuvo demasiado cerca, hubo uno que nunca pudo saber que había sucedido, ni porque había muerto, se llamaba Alberto "Pocho" Domínguez, tenía 66 años.-

El vuelo 175 de United Airlines a Los Angeles salió de Boston a las 7.58 hora local. El viento soplaba a 40 kilómetros por hora en dirección noreste. El cielo mostraba leves nubosidades dispersas. Había una visibilidad de 33 kilómetros y una temperatura agradable en el entorno de los 21º.
La tripulación la integraban dos pilotos y siete asistentes de vuelo.
Pocho no lo sabía en ese momento, pero le quedaban 47 minutos de vida.

A las 8.45 el mundo observó por televisión cómo el avión era estrellado contra la torre sur del World Trade Center de Nueva York. Llevaba 56 pasajeros a bordo. Uno de ellos era el uruguayo Alberto Domínguez, campeón nacional de ciclismo en 1953 y que había llegado por una intervención quirúrgica a su cuñada y volvía a su hogar en Lidcombe, Nuevo Gales del Sur, en Australia el país al que tres décadas atrás, como muchos uruguayos había emigrado en busca de mejores horizontes.-

Alguien que supo conocerlo muy bien, Camilo Velázquez, director técnico de ciclismo, quedó impactado por la trágica muerte de su amigo Alberto, con quien fue compañero de equipo en varios torneos internacionales.
"Recuerdo en particular varias pruebas internacionales de seis días, en los años en que corríamos juntos". "Es un tipo de carreras a la americana que todavía se corren en Europa. Alberto corrió conmigo en Buenos Aires y en San Pablo en los años 59 y 60".

"En todas las delegaciones que me tocó viajar con él, nos peleábamos para aprontar el mate. Un día lo hacía Luis Pedro Serra, otras veces él y otras yo. Andábamos bastante juntos aunque siempre corríamos por distintas instituciones. El por el club Unión y yo un tiempo por Nacional y luego por el club Maroñas".

Alberto Domínguez había nacido en las cercanías de Avenida Italia y Comercio. Se inició en el Club Ciclista América, donde comenzó a competir en los años cincuenta. Junto a Walter Salgués compuso un dupla que no tenía rivales. Después pasaría al Club Unión Ciclista. Con su casaquilla fue que logró el título de Campeón Nacional de Velocidad en pista que lo consagraría en el velódromo en 1953.

En 1957, Domínguez integró la cuarteta olímpica uruguaya junto a Alberto Rey, Alberto Velázquez y Rodolfo Rodino. También defendió la celeste en los Juegos Panamericanos de 1959, en Chicago, donde participó en ruta y pista y compitió en velocidad en los Panamericanos de 1963, en San Pablo.

Algunos de los mensajes que recibió su familia eran muy sentidos: "Nuestro apellido aparece al lado el tuyo en la guía de teléfonos y he visto siempre tu apellido al mirar mi nombre en los white pages. No podría creerlo cuando vi a Domínguez entre los muertos. Mis esperanzas y rezos están con ti".

"Trabajo para Qantas en Tucson, AZ, los E.E.U.U. no nos conocíamos personalmente, sin embargo, quisiera decirte que mis rezos estén con ti y tu familia. No puedo creer el momento horrible que tú, Laura y muchos otros tuvieron que pasar a el 11 Sep de 01".

"Soy originario de Uruguay, igual que Alberto y mi primo en Sydney, Enrique Telis me dijeron que había alguien de nuestro país, víctima en este crimen terrible. Ésta es nuestra manera de decir que somos parte de esta familia americana. La justicia será hecha".

No olvidemos entonces que esa terrible masacre de la Torres Gemelas, no nos fue tan lejana y ajena, un compatriota, una buen persona, un laburante,
alguien de quien todos hablaban bien, alguien que nunca había buscado hacer el mal a sus semejantes, murió allí víctima de la demencia terrorista. Víctima de individuos que encontraron muy fácil matar a personas inocentes e indefensas. Victima de delincuentes, que increíblemente mataron en el nombre de Dios. Si ese Dios es tal como ellos lo presentan, entonces debiéramos pensar que no es un Dios sino un Demonio.

Pero no será que en realidad estas personas no representan a un dios, sino que representan el mal ? yo creo que si es realidad que existe un más allá y existe un poder superior, entonces estos asesinos estarán pagando muy duramente por las cobardes y alevosas muertes que llevaron a cabo. Si por el contrario no existe un más allá, entonces debemos pensar que estos desequilibrados criminales murieron absurdamente, causando la muerte de más de 3.000 personas por que si, porque ellos querían ser notorios y vengarse del gobierno usamericano. No murió ningún gobernante, murió la gente del pueblo. Esa es una de las tragedias del mundo moderno, los que ordenan las muertes nunca están en el frente de batalla, ni son los agredidos pues estos están muy bien resguardados, los que mueren son ciudadanos comunes, trabajadores de todos los días, padres y madres de familia, niños, ancianos, que en muchos casos no tienen ni idea de lo que está sucediendo, ni porqué está sucediendo.-

Si este es el presente, da pavor pensar como será el futuro del mundo.
Esperemos que los sucesos por venir cambien, que la razón y la cordura ingrese en la mentes de los habitantes de este planeta, porque de lo contrario un día de estos podríamos todos volar por los aires y nunca sabremos quien fue el que apretó el botón para disparar las armas que nos mataron. Terminaremos creyendo que la época de los dos imperios fue mejor ? sería realmente una gran ironía.-

Hasta la próxima semana.-


Por: Carlos Cáceres Durán | LOS ARTICULOS DE CARLOS CACERES DURAN | Comentarios (0) | Referencias (0)

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